Cada vez que utilizamos una aplicación de mapas para llegar a un destino, consultar el tráfico o compartir nuestra ubicación, estamos aprovechando una tecnología que combina matemáticas, física, informática e ingeniería: el Sistema de Posicionamiento Global (GPS).
Detrás de su desarrollo hubo cientos de investigadores, pero durante muchos años una de sus protagonistas permaneció prácticamente en el anonimato: Gladys West, una matemática cuyo trabajo fue esencial para mejorar la precisión del GPS.
El GPS funciona gracias a una constelación de satélites que orbitan alrededor de la Tierra. Estos satélites envían continuamente señales que son recibidas por nuestros dispositivos.
Sin embargo, calcular una posición con precisión no consiste únicamente en medir distancias. También es imprescindible conocer con gran exactitud la forma y el tamaño de la Tierra.
Gladys West nació en 1930 en Virginia (Estados Unidos) y desarrolló su carrera como matemática en el Naval Surface Warfare Center.
Durante décadas analizó enormes cantidades de datos obtenidos por satélites y desarrolló modelos matemáticos cada vez más precisos de nuestro planeta.
Su trabajo permitió describir con gran exactitud la forma real de la Tierra, algo imprescindible para que los sistemas de navegación pudieran calcular posiciones fiables.
La importancia del geoide
Aunque solemos representar la Tierra como una esfera, en realidad su forma es mucho más compleja.
Los científicos utilizan el concepto de geoide, una superficie irregular determinada por las variaciones del campo gravitatorio terrestre.
Cuanto mejor conocemos ese geoide, mayor es la precisión con la que un receptor GPS puede calcular nuestra posición.
Un trabajo que utilizamos todos los días
Gracias a investigaciones como las de Gladys West, hoy podemos:
• Utilizar navegadores GPS.
• Guiar aviones y barcos con gran precisión.
• Localizar envíos y mercancías.
• Compartir nuestra ubicación desde el teléfono móvil.
• Desarrollar aplicaciones de cartografía y geolocalización.
Lo que comenzó como un complejo problema matemático terminó convirtiéndose en una herramienta cotidiana utilizada por millones de personas.
Un reconocimiento que tardó en llegar
Durante muchos años, la contribución de Gladys West pasó prácticamente desapercibida.
Con el tiempo recibió numerosos reconocimientos por su trabajo, convirtiéndose en un referente para las nuevas generaciones de científicas y científicos.
Su historia nos recuerda que muchas personas han realizado aportaciones fundamentales al avance de la ciencia sin recibir el reconocimiento inmediato que merecían.
La próxima vez que abras una aplicación de mapas recuerda que detrás de ese sencillo gesto hay satélites, física, informática… y muchas matemáticas.
El trabajo de Gladys West demuestra que la investigación básica puede acabar transformando la vida cotidiana de millones de personas y que las matemáticas son una herramienta imprescindible para comprender y describir el mundo que nos rodea.
23/07/2026
Aida Amor Cañoto López. Profesora de Ciencias en Centro de Estudios NEOS.







