Las redes sociales forman parte del día a día del alumnado, pero no siempre se reflexiona sobre cómo se usan ni sobre las consecuencias que pueden tener determinados comportamientos en ellas. Muchas veces se perciben como un espacio separado de la vida real, cuando en realidad ambas están completamente conectadas.
En los últimos tiempos, diferentes situaciones relacionadas con el uso de las redes sociales en contextos educativos han puesto de manifiesto la necesidad de trabajar de forma más explícita la educación digital. No solo desde el punto de vista técnico, sino también desde la convivencia, el respeto y la responsabilidad.
Esta entrada recoge una sesión que llevé a cabo en el aula de Digitalización en 3º y 4º de ESO, asignatura que imparto en el SEI San Narciso, a raíz de esta realidad. Posteriormente, la intervención se amplió a otros grupos de la ESO en la materia de Física y Química, tanto en 2º como en 3º y 4º, incluyendo también a alumnado sin Digitalización y a algún grupo de 1º de ESO. Finalmente, la reflexión se trasladó también a la academia donde imparto clases particulares, así como a su difusión en distintos formatos en redes sociales.
El objetivo de todo ello fue el mismo: reflexionar sobre qué no se debe hacer en redes sociales y por qué.
¿QUÉ ME LLEVÓ A DAR ESTA CLASE?
La decisión de abordar este tema de forma explícita no surgió de una única situación, sino de varios hechos que se fueron repitiendo en distintos contextos educativos en un periodo de tiempo relativamente corto.
Entre ellos, apareció la difusión en TikTok de stickers personales sin consentimiento, algo que, aunque pueda parecer inofensivo en un primer momento, abrió la puerta a reflexionar sobre el control real que tenemos sobre el contenido que compartimos o que otros generan a partir de nosotros.
A esto se sumaron otros casos más preocupantes, como la creación de cuentas falsas suplantando la identidad de miembros de centros educativos, así como perfiles ficticios de alumnado que comenzaron a interactuar entre sí hasta el punto de generar conflictos reales entre estudiantes.
Este tipo de situaciones mostraban un patrón claro: el uso de las redes sociales estaba teniendo consecuencias directas en el entorno educativo, muchas veces sin que el propio alumnado fuera plenamente consciente de ello.
Como profesora de Digitalización, consideré necesario intervenir de forma inmediata. Lo que comenzó como una sesión puntual en esa materia se amplió posteriormente a otros grupos de Física y Química, y también a la academia, con el objetivo de trabajar la misma idea desde diferentes contextos y reforzar el mensaje.
A partir de estas situaciones, la sesión no se planteó como una lista de normas o prohibiciones, sino como un espacio de reflexión conjunta sobre lo que implican realmente estos comportamientos en el entorno digital.
De este modo, fuimos analizando distintos riesgos asociados al uso de las redes sociales, conectándolos siempre con situaciones cercanas y comprensibles para el alumnado.
RIESGOS TRABAJADOS EN EL AULA
A medida que avanzaba la sesión, fuimos construyendo en la pizarra una serie de ideas clave que sirvieron como guía para organizar todo lo que iba surgiendo en la conversación.
El punto de partida fue el marco general de la Ley de Educación Digital de la Xunta de Galicia, que nos permitió situar el uso de las redes sociales dentro de un contexto educativo y normativo más amplio. A partir de ahí, se fueron recogiendo diferentes situaciones habituales que pueden darse en el entorno digital.
Entre ellas, apareció la publicación de fotos o vídeos de compañeros sin permiso, la creación de cuentas falsas que implican suplantación de identidad o los comentarios insultantes que pueden derivar en situaciones de ciberacoso, generando daño moral a otras personas. También se mencionó el uso de imágenes de personajes públicos sin autorización, lo que permitió introducir la idea de los derechos de imagen.
A partir de estos ejemplos, se fue construyendo una idea central: no todo lo que se puede hacer en redes sociales se debe hacer. Se concretaron también algunos tipos de contenido que no deberían publicarse en ningún caso, como imágenes o vídeos de compañeros o profesorado sin consentimiento, grabaciones dentro del centro sin autorización, publicaciones que ridiculicen a otras personas aunque se presenten como “broma” o material interno del centro educativo como exámenes o documentos.
El análisis de estos casos llevó de forma natural a reflexionar sobre los motivos que hay detrás de estas limitaciones: el derecho a la intimidad, el derecho a la propia imagen —nadie puede publicar la cara de otra persona sin su permiso— y la protección de datos. También se insistió en que, en situaciones más graves, este tipo de comportamientos puede considerarse ciberacoso.
Finalmente, se abordaron las posibles consecuencias. En el ámbito educativo pueden derivar en sanciones por parte del centro, como partes disciplinarios o expulsiones. En el plano familiar pueden implicar problemas para los tutores legales, y en los casos más serios incluso pueden tener consecuencias legales.
Como idea final que quedó visible en la pizarra, se insistió en un mensaje clave: borrar algo no significa que desaparezca. Las capturas de pantalla, las copias automáticas o los reenvíos hacen que la información pueda seguir circulando incluso después de haber sido eliminada.
La sesión cerró con una advertencia sencilla pero importante: publicar en redes sociales es rápido y fácil, pero precisamente por eso es necesario parar unos segundos y pensar antes de actuar.
ALGUNAS RECOMENDACIONES PARA EL ALUMNADO
Tras analizar las diferentes situaciones y sus posibles consecuencias, la sesión concluyó con una serie de recomendaciones para hacer un uso más responsable de las redes sociales.
Una de las ideas sobre las que más insistimos fue la de pensar antes de publicar o compartir cualquier contenido. En internet todo sucede muy deprisa y, una vez que una fotografía, un vídeo o un comentario empiezan a reenviarse, es prácticamente imposible detener su difusión. Aunque la publicación original se elimine, pueden existir capturas de pantalla, copias o reenvíos que hacen que el contenido siga circulando.
También hablamos de la importancia de pedir permiso antes de publicar imágenes o vídeos en los que aparezcan otras personas. Recordamos que el alumnado es menor de edad y que sus imágenes no pueden aparecer en redes sociales sin la autorización de sus tutores legales. Estar en una fotografía o haber sido grabado durante una actividad no significa que ese contenido pueda difundirse libremente.
Otro aspecto fundamental fue comprender que el anonimato o el hecho de actuar detrás de una pantalla no elimina la responsabilidad sobre nuestros actos. Crear cuentas falsas, ridiculizar a otras personas o publicar comentarios ofensivos puede tener consecuencias para quien lo sufre, pero también para quien los publica o los difunde.
La sesión terminó con una reflexión muy sencilla: antes de pulsar el botón de publicar o compartir, conviene preguntarse si realmente merece la pena hacerlo. En muchos casos, dedicar unos segundos a pensar puede evitar problemas que después resultan muy difíciles —o incluso imposibles— de solucionar.
LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN DIGITAL
Las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana y seguirán acompañándonos durante muchos años. Por ello, la educación digital no puede entenderse como un contenido puntual ni como algo que se trabaje en momentos concretos del curso, sino como una competencia que debe reforzarse de forma continua a lo largo del tiempo.
Aunque en muchos centros se realizan charlas específicas impartidas por profesionales externos, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, o se trabajan estas cuestiones en actividades concretas o semanas temáticas, este tipo de intervenciones, por sí solas, no son suficientes. La realidad digital del alumnado es constante, diaria y cambiante, por lo que la formación en este ámbito también debe serlo.
Es necesario insistir en estos aspectos a lo largo de todo el curso, integrándolos en el día a día del aula, conectándolos con situaciones reales y aprovechando cualquier oportunidad para reflexionar sobre el uso de la tecnología. Solo a través de esta continuidad es posible que el alumnado interiorice realmente la importancia de actuar con responsabilidad en entornos digitales.
Como docentes, tenemos la responsabilidad de mantener este enfoque presente de forma habitual, no como algo aislado, sino como parte natural del proceso educativo.
Esta experiencia me confirmó precisamente eso: que no basta con tratar estos temas de manera puntual, sino que es necesario volver sobre ellos de forma recurrente, porque el aprendizaje en educación digital se construye con el tiempo.
Educar digitalmente no consiste únicamente en enseñar a utilizar herramientas tecnológicas, sino en formar personas capaces de desenvolverse en entornos digitales con criterio, respeto, responsabilidad y sentido crítico, entendiendo que cada acción en el mundo online tiene consecuencias en la vida real.
Las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana y seguirán acompañándonos durante muchos años. Por ello, la educación digital no puede entenderse como un contenido puntual ni como algo que se trabaje en momentos concretos del curso, sino como una competencia que debe reforzarse de forma continua a lo largo del tiempo.
Aunque en muchos centros se realizan charlas específicas impartidas por profesionales externos, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, o se trabajan estas cuestiones en actividades concretas o semanas temáticas, este tipo de intervenciones, por sí solas, no son suficientes. La realidad digital es constante, diaria y cambiante, por lo que la formación en este ámbito también debe serlo.
Es necesario insistir en estos aspectos a lo largo de todo el curso, integrándolos en el día a día del aula, conectándolos con situaciones reales y aprovechando cualquier oportunidad para reflexionar sobre el uso de la tecnología. Solo a través de esta continuidad es posible que el alumnado interiorice realmente la importancia de actuar con responsabilidad en entornos digitales.
Como docentes, tenemos la responsabilidad de mantener este enfoque presente de forma habitual, no como algo aislado, sino como parte natural del proceso educativo.
Esta experiencia me confirmó precisamente eso: que no basta con tratar estos temas de manera puntual, sino que es necesario volver sobre ellos de forma recurrente, porque el aprendizaje en educación digital se construye con el tiempo.
Educar digitalmente no consiste únicamente en enseñar a utilizar herramientas tecnológicas, sino en formar personas capaces de desenvolverse en entornos digitales con criterio, respeto, responsabilidad y sentido crítico, entendiendo que cada acción en el mundo online tiene consecuencias en la vida real.
La imagen de portada de esta entrada corresponde a la pizarra utilizada durante la sesión, que recoge las ideas principales trabajadas en el aula. A continuación, se muestra una pequeña galería con algunas ideas clave del desarrollo de la actividad, que posteriormente se compartió también en Instagram.
02/07/2026
Aida Amor Cañoto López. Profesora de Física, Física y química y Digitalización en el SEI San Narciso. Profesora de Ciencias en Centro de Estudios NEOS.






